¿Nos detenemos a pensar siquiera
sobre el que hubiera pasado? ¿Nos detenemos a recordar a detalle?
Pues siempre el recuerdo es
fugaz, te eleva y desaparece volviéndote a la realidad, ¿Acaso no somos lo que
somos por las decisiones?
Cada año, cada inicio de algo nos
prometemos cometer menos errores y es como si cada mes ya viniera en combo con
la pila de malas decisiones. ¿Cuál es el escape? ¿A donde debemos ir? ¿Con quién
debemos estar? Los cambios duelen y el resultado asusta y es ahí cuando ya no
queremos estar.
Muchos dicen que la vida es una porquería
pero a mí me ha dado tantas alegrías, muchos dicen que todo tiene solución y a
ellos les quisiera preguntar ¿qué hago con todo el error? ¿Dónde está el botón de
reinicio?, es que este juego no me agrada, pero lo vivo, continuó, sabiendo que
cada paso, cada movimiento me pasó factura desde un inicio.
Que ya no quiero hijos, pero como
me la alegraría tenerlos, que sé mi carácter no está forjado para eso, sucede
que mi ternura se camufla en un posición de dirigente.
¿Qué le vamos hacer? ¿Nos quedamos
o seguimos huyendo? ¿Decimos alto o seguimos con el hacernos los tontos? ¿Hasta
cuándo soportaremos más de eso? ¿Cuándo será el día que pongamos fin a los
miedos? ¿Cuál es la salida?
Esto es una emergencia y el miedo
nuestro asesino. No sé ustedes pero yo tengo un límite y este concluirá pronto.
Una decisión la última quisiera y en mi siguiente post les diré lo difícil que
era, lidiar con todo y decir acepto aunque no quiera.
Inundamos nuestra vida de tantas
preguntas, de cosas sin concluir, que tal si ahora solo lo aceptas aunque no
quieras, deja de seguir el sistema y renueva tus reglas.
No hay botón de reinicio, no hay marcha
atrás, eso de un máquina del tiempo en donde te lleve a tomar la segunda decisión
no hará que cometas menos errores de los
que tu curriculum ya lleva.
Los miedos están por la falta de
creencia en nosotros, decidimos vivir ahí o irnos allá, què màs da, la muerte
siempre llegará.
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