¿Qué te pasa? Eso no es amor, no la mates.

Foto para ilustrar, agradecimientos a la modelo ;)


Cuando supe que él consumía drogas estuve como en shock, pero aún así mi cabeza comenzó a trabajar. Obvio no quiero que consuma drogas. No, porque lo amo.

 ¿Pero cómo convences a un adolescente de que no haga algo? Si a esa edad uno se especializa en ignorar cualquier comentario que venga de la gente que te ama desde que existes.

Claro, a esa edad uno de verdad cree que gente de otra sangre puede llegar a sentir algo similar a lo que sienten esos a los que estamos unidos por la sangre, por los rasgos, por la piel, por las luchas, por el alma.  Esos que son un pedazo de nuestra historia desde el principio, esos que son parte de uno para siempre.

Yo de joven (ahora soy menos joven, no vieja. (Ok, es de viejas aclarar que uno no está vieja) ) también recibí ofertas de probar drogas. Marihuana. Es más, hace un par de meses me volvieron a ofrecer.

No acepté. Dice mi papi, "cabeza chumada, culo botado". Creo que se aplica igual si estás high.

Pero es que él y yo somos distintos.

 Yo soy hija del medio. La sándwich crece tratando de llamar la atención y ser la preferida de papá o de mamá por diversas formas. En mi caso, yo trataba de llamar la atención intentando ser mejor que mis hermanos. Siempre inconscientemente, tratando de dejar al mayor y al menor como puercos, en vano (jajaja).

Él es el menor. Los hijos menores, que suelen ser los más consentidos, son los más propensos a encajar en ese perfil que describe Vicente Garrido en el libro ‘Los Hijos Tiranos, el síndrome del Emperador’. Él creció con tantas libertades y beneficios que, como era de esperarse, se volvió malcriado.

Cuando supe de los fallidos spots anti marihuana que han hecho en Australia pensé en que obviamente eso de crear consciencia es cosa ardua y hay que tener talento.
Persuadir es un arte. Tengo miedo.

¿Qué razones le doy a un adolescente de este siglo para que no siga consumiendo marihuana?

No le puedo decir que es pecado. No, porque en la Biblia no se menciona este producto que altera la conducta. Le podría decir que ahí, el apóstol Pablo sentenció una frase que bien se puede aplicar al consumo de marihuana: Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica”.
Pero entonces, en el fondo yo sabría que no serviría, porque aunque no me lo ha dicho, sospecho que él no cree. Sospecho que en las familias cristianas como la mía, también puede haber ateos.

No le puedo decir un banal: “es malo para tu salud”. Porque de seguro sabrá que el cigarrillo es más perjudicial para la salud y es permitida su venta. Porque también me saldrá con eso de que cura el cáncer y me hablará de su exitoso uso medicinal.
Yo le puedo responder entonces que sí, que el cigarrillo es más nocivo para la salud y que por eso, en mi imaginario, también creo que está mal fumarlo. Y también le respondería que él no tiene cáncer y que no tiene finalidad preventiva usar marihuana, por si me sale con que quiere prevenir un cáncer.

También le diría que leí un artículo en el que se cita que sí tiene un impacto neuronal ser un ‘stoner’, que mientras no se legalice es un delito, que mientras sea un delito habrá gente inocente envuelta en la escoria que producen los estúpidos seres humanos que comercializan.

Aquí no solo hablo de la marihuana, sino también la coca, la heroína, la hache, y todas esas pendejadas sintéticas que arruinan a las personas y destrozan a sus familias por la dependencia que generan. Por eso creo que la gente que vende adicciones es bien desgraciada porque hacen pedazos vidas.

Hay dos imágenes que nunca borraré de mi cabeza: un bebé abierto por la mitad, lleno de tachas, usado por una mujer mula del narcotráfico y los cuerpos decapitados y colgados de un puente por los Zeta. Es ruin el narcotráfico, ¿cómo consumir si sé que hay cosas como esas detrás?

Ya, ya, ya sé, amigos intelectuales ateos hipsters y cool que me rodean, ya sé que la marihuana no es adictiva. Si, he leído eso. Pero como también he leído que esa es la primera droga que suele enganchar a adolescentes como el mío, tengo miedo. No quiero perderlo en una cama, retorciéndose por el síndrome de abstinencia.

¿Cómo sabré si mi adolescente solo pasa el rato o si se engancha? A estas alturas del texto me cuesta creerlo.

Leí un artículo en esa revista VICE, en relación al spot del perezoso y las drogas en Australia. La autora citaba un estudio en el que se determina que los jóvenes más vulnerables a consumir marihuana son aquellos que se consideran marginados, que no ‘encajan’ en alguna manera en la esfera en la que les tocó vivir y buscan una manera de pertenecer a un grupo que no los aísle o ignore. También, dice el estudio, son más propensos aquellos que sufren algún trastorno como depresión, hiperactividad o desorden de atención.

Él no es hiperactivo ni sufre desorden de atención. ¿Será depresión? La depresión es un monstruo silencioso, quién sabe es eso.
¿Pero y si no es eso? Desde chiquito quería aparentar lo que no era, ¿será que quería encajar?

Rayos. ¿Qué gano buscando razones?

Me la he pasado pensando en argumentos para convencerlo y entre tantos, me quedó uno que podría ganar, tal vez.

Se llama mamá. Él dice que ella es lo que más ama en el mundo. Una vez, durante una reciente pelea familiar nos dijo a todos que le valía nuestra opinión, que la única que le importaba era ella. Mami.

No hay manera de que una mujer ecuatoriana de 55 años, criada en hogar católico y vuelta protestante crea que fumar marihuana no es algo malo. Ella, cuando se entere, sí creerá que es un pecado, no le importará saber de su uso medicinal.

Nada, ella solo sabrá que su príncipe consentido por el que ha peleado tanto y al que tanto ha defendido, por el que ora al Dios en el que él no cree,  le falló.
 Que él consuma drogas le va a romper el corazón, la va ha hacer pedazos más que a nadie.

Aunque un porro sea menos nocivo que un cigarro, en su imaginario de mamá cristiana, no. Porque para una mamá como ella, perfecta como él mismo dice, un hijo con drogas es una batalla perdida, es una flecha en el alma, es un llanto que asfixia, es como morir ahogado.

¿Cómo puede él decir que la ama y hacer eso que sabe que la va a destrozar?
Oye, ¿en serio la amas?
Si sabes que cuando se entere la vas a matar, ¿por qué lo haces?
¿Qué te pasa? Eso no es amor, no la mates.

                                                                    Anònimo

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